martes, 23 de marzo de 2021

troqueles

A los nueve años

mi mamá se sentó en mi cama

me dijo que cierre los ojos

y me puso un sobre en la mano

cuando lo abrí 

había un libro

que se llamaba "El principito".


Yo amé ese libro 

desde la primera vez que lo leí

aún sin entenderlo

sin saber qué era una metáfora 

ni un lazo, ni un rito 

como el libro troquelado

de los milagros de Jesús 

que me regaló 

María del Carmen Arqueros 

una amiga de mi mamá 

compañera suya de guardias 

que me lo mandó 

y me dijo que si yo creía 

nunca más iba a estar sola.


También 

fue ella

quien la ayudó a mi mamá 

con su problema de tiroides 

que la infertilizaba

y un poco gracias a ella

nació mi hermana Lucía.


Mi hermana se llama Lucía 

pero siempre mi mamá le decía Lucero

porque se ve que ella le devolvió 

la pulsión vital

que de vez en cuando se le extraviaba

y mi papá siempre decía 

que cuando ella nació, salió un arcoíris

por eso Lucía 

es como una figura mitológica de mi familia.


Mi mamá siempre me daba regalos 

me hacía caricias

me cantaba

me decía que me quería 

yo no tuve abuelos

y quizá ella intentaba

compensar ese agujero

como quizá hago yo

con mi hijo ahora.


Yo todavía 

no entendía a los nueve

qué era una metáfora 

ni una glándula 

ni un sistema 

no conocía ni de nombre

qué era la cortisona

ni la hegemonía 

ni el abandono

ni una violación 

no podía diferenciar 

la magia de la fantasía 

los sueños de la ficción 

pero aún así 

sabía que mi mamá 

me hacía sentir a salvo

que mi papá 

estaba preocupado  siempre 

de que no me hagan daño

que mi hermana 

era algo así como un milagro.


Me gusta creer 

que mi mamá me dejó esos libros 

como llaves

porque algo en ella ya sabía 

que no iba a poder protegerme para siempre.

Supongo que de alguna manera

las madres 

intentamos dejarle troqueles 

en el camino

a nuestras crías 

porque sabemos lo violento y hostil

que se puede poner el mundo

pero también 

lo hermoso y sublime

 por eso a pesar de todo

vale la pena el viaje.


Casi tres décadas después 

los días me van erosionando

ahora soy yo 

esa madre

 que se orilla a una cama

regala un libro

da una caricia 

después de tanto

agradezco en silencio 

no tengo grandes pretensiones 

me voy desvistiendo de exigencias imposibles 

y preocupaciones inútiles 

abrazo mi fragilidad 

rezo para no caer en las trampas del ego 

porque como dice Joaquín 

"en el infierno también llueve sobre mojado"

detrás de las grandes marquesinas

del éxito y el talento

hay solo personas asustadas

mendigando cariño


aprendí

( a los porrazos) 

a no darle tanta importancia a la cabeza

le di las llaves al corazón para que maneje 

 a escuchar a mi cuerpo

a agradecer la dicha de estar viva

entre tanta muerte

que el amor es el único refugio posible

y que la fe es el verdadero milagro 

que atraviesa los umbrales de lo posible 

cuando todo parece perdido.


'Sólo se ve bien con el corazón'

decía el principito

y ahora  me doy cuenta

que me llevó 

toda una vida

de intentos 

de fracasos 

de pérdidas 

de violencias

ausencias deglutidas

 por las fauces de la serpiente

pero también 

de lazos

de metáforas

de amores y flores 

poder comprenderlo.

 

Cuando era chica

 Cuando era chica, me hubiese gustado preguntarle a mi papá, 

cómo iba a yo a creer que el sexo era un acto de amor y placer, 

si en la calle me decían "te rompo el orto" 

cómo iba a barajar la posibilidad de amar por fuera de la heterosexualidad 

si en la cancha cantaban "van a correr, son todos putos"

cómo iba a pensar que "lo que importa es lo de adentro", si en el jardín mis compañeritas me decían que no se juntaban más conmigo porque la vecina que me llevaba al jardín era gorda fea y negra

cómo iba a creerle que yo era "la más bonita", (como me decía), si en la colonia el profesor me decía gorda fofa.

Supongo que él no hubiese tenido una respuesta.

Me hubiese gustado contarle, que muchas veces nos llega antes el prejuicio, que la caricia. 

Que nos dinamita la inocencia, y cada uno de esos insultos, chistes, frases hirientes nos van dejando una cicatriz en la conciencia.

Que a medida que vamos creciendo, vamos viendo cómo se abre un abismo entre lo que lxs adultxs dicen y lo que hacen. Que ellxs también reproducen, muchas veces sin darse cuenta o sin darle importancia, todo un sistema de prejuicios, que terminan por consolidarse en una voz déspota interna que se encarga de castigarnos.

Me hubiese gustado contarle que ahora yo, también sufro al ver cómo lo que traté de construir con mi hijo no es suficiente. Porque la crueldad que muchas veces sucede durante la socialización te atropella y te lleva puesta,  por más cinturones de contención y amor, que hayamos intentado asegurar en lo íntimo.

Me gustaría llamarlo por teléfono, ir a su casa a comer, conversar juntos, y quizá llegar a la conclusión de que:

Todo insulto es político.

Todo chiste también.

Ellos ganan

  No cabe duda alguna de que no vamos a permitir que profanen nuestro patrimonio sagrado de la memoria. Nadie duda que la justicia aunque tardía vino a reparar la herida que supuraba y atormentaba nuestro cuerpo colectivo.


Es indiscutible que la figura del colectivo de las Madres de Plaza de Mayo, próceres contemporáneas de nuestra tierra, constituyen un ejemplo que nos guía, nos empondera y nos dignifica como pueblo.


 Por supuesto que defendemos el voto y la democracia.


Más vale que hay que dejar los purismos de lado, porque hay que vencerlos, como sea, en las urnas.


Ya sé, no hace falta que me expliques, que cada día más de ellos, es un día menos para los nuestros.


Pero no se trata de ganar con un sobre, de esperar que vengan super mamá y papá, a arreglar el desastre mientras nosotros nos vamos a casa.


No es cuestión de volver a consumir, cada uno en su sillón, frente a su pantalla.


Aquella revolución inconclusa, por la que nuestros mártires lucharon,  aguarda postergada en el corazón del pueblo. Esa pelea, es más grande. No cabe en un sobre. No se reduce a un cargo. No es transferible ni puede sublimarse. Cada uno de los problemas de nuestra coyuntura, nos está proponiendo una tarea. Y ninguna es quejarse.


  Reitero: esa pelea que supieron dar aquellos que todo lo dieron, aún respira.


Y nos está llamando. 


Aquellos responsables civiles de la masacre, los autores intelectuales y sus cómplices a sueldo  siguen operando. Nos siguen ganando terreno. Acá no se rindió nadie. Pero ellos tampoco. Fijate: 


Cada vez que un estudiante deja la carrera, ellos ganan.


Cada vez que un pibe se niega a la lectura, al estudio, que se convence de que “no le da la cabeza”, ellos ganan.


Cada vez que buscás salvarte solo, hacer tu kiosquito, ganan ellos.


Cada vez que la vecina se siente más acompañada y escuchada por el culebrón de la siesta, que por sus propios vecinos e hijos,  ellos ganan.


Cada vez que un pibe llega a la puerta de la escuela, y se vuelve a su casa, porque no hay clases, ganan ellos.


Cada vez que querés hacer “la fácil, la que conviene”, ellos ganan.


Cada vez que le das de comer al oportunista que hay en vos, buscando sacar provecho personal, sin importar cómo afecta a lo grupal,  ellos ganan.


Cada vez que sabemos más de la vida de Pampita y Vicuña que de Ramíez y la Delfina, ellos ganan.


Cada vez que un laburante se autoconvence de que es mejor ser "emprendedor", que pertenecer a un sindicato, ellos ganan.


Cada vez que los vecinos, podridos de cómo está todo, piden que vuelvan las botas, ellos ganan.


Cada vez que se meten en nuestras aulas, nuestros actos, nuestros sueños, nuestros hábitos, ganan.


Nos ganan.


Ganan una y otra vez. En lo enorme, pero también en lo pequeño, y lo cotidiano.


Cada vez que querés meter el gol como sea, en el último minuto, así tengas que quebrar al adversario, sin preocuparte por los que ni siquiera, pudieron todavía, entrar a la cancha y jugar el partido.


Cada vez que alimentamos ese clima de caos, ese panorama apocalíptico que habilta el “sálvese quien pueda”.


Cada vez que elegís despreciar y verduguear a tu compañero, en lugar de tratar en comprenderlo y poder discutir, humildemente y con argumentos.


Cada vez que un pibe llora de hambre, cada vez que un abuelo se siente derrotado, cada boca que repite “que el último apague la luz, esto no tiene arreglo”.


Cada vez que una piba se tiñe el pelo, y disimula el acento, para esconder sus orígenes.


Cada vez que fajan al puto del barrio, cada vez que subestiman a los jóvenes, cada vez se aprovechan de una pizca de poder para maltratar a los demás, ganan ellos.


Ganan ellos, si pensás que una verdadera transformación social se hace, sin cuestionarte tu propia conducta.


Ganemos las elecciones, sí.


Pero también, venzamos al pequeño liberal mezquino y oportunista que tenemos adentro, y que hace rato, nos viene ganando.

Las mujeres de mi generación

 He visto a las mujeres de mi generación

corriendo detrás de una mujer imposible

que limpia /sabe/ ríe /cría/ cocina

/se ejercita /se actualiza /se forma / cuida /se cuida/ calma a la bestia/

suaviza todo lo que toca / sonríe/ calla

pare sin dolor

obedece sin preguntar

acepta el segundo lugar.

Esa mujer imposible

que le sonríe desde la pantalla

esa mujer imposible

que le inocularon desde pequeña con cada cuento y cada canción.

Las he visto cansarse, hartarse.

Las he visto solas en el baldío de las pantallas, desesperadas en la ambulancia del trabajo precarizado, cosificadas en la maquinaria

implacable de los estereotipos,

desahuciadas en el vacío

de las relaciones descartables.

Las he visto emprendiendo su propio sello,

las he visto dándole mil vueltas a la madeja, insomnes, preocupadas,

haciendo malabares para llegar a fin de mes, estudiando tarot en el camino al trabajo, preguntándole a la aplicación del oráculo

si acaso es esta vida la que hubieran elegido.

Las he visto partir al trabajo,

 dejando a su cría indefensa, 

con los senos llenos de lava.

Las he visto portar, en su cansancio eterno, 

todas las desigualdades de la crianza, 

las he visto extenuadas, caóticas, desbordadas.

Las he visto tratando de lidiar con la bomba frágil de su cabeza.

Las he visto padecer la presión permanente de tener que estar en todas partes, simultáneamente.

Las he visto desesperadas, 

puérperas reincidentes, 

intentando navegar

 las aguas oscuras de su pantano, 

frente a una demanda animal y constante.

Las he visto sosteniendo los cimientos 

de todos los vínculos sin que nadie,

 nunca

les pregunte

 quién las sostiene a ellas.

Las he visto dar vuelta la llave, cerrar el candado y partir a alguna ruta incierta 

que no tiene huellas.

Las he visto huir del infierno, 

las he visto construir un hogar 

en el medio del páramo.

Las he visto desgarradas y desterradas

 por no pactar la complicidad

 de su propio martirio.

Las he visto atravesar la soledad 

que sus abuelas hubiesen preferido.

Las he visto como lobas, 

despertar de la pesadilla de ser ovejas.

Las he visto salir, gritar, llorar, probar, maldecir, pelear, preguntar, marchar, exigir.

Las he visto como chispas encendidas

buscándose en el aire, las unas a las otras

 para poder encender la pira

 para que ardan definitivamente

 los mandatos y los patrones 

sobre sus cuerpos

sus cabezas 

sus vidas.

Las he visto encontrándose, tocándose, abrazándose, 

poniendo en palabras 

en canciones

 en danzas

toda la angustia de siglos 

que ya no quieren cargar.

Las he visto tejiendo redes

tendiendo puentes 

armando manadas.

Las he visto buscando precisar el origen 

de la herida de su carencia.

Las he visto homenajeando la vida,

 los ritos, los ciclos.

Las he visto defender como leonas feroces

 su cría, su manada 

y también

 el derecho a perseguir la magia.

Las he visto mirando hacia el pasado, 

echando luz

a la implosión psíquica de sus antepasadas.

Las he visto con las manos ajadas 

juntar su propia imagen rota en el espejo.

Las he visto con ojos vendados

ofrendarse a los depredadores.

Las he visto con dolor

asumir el coraje de decidir

esta vez

invertir la dirección de la mecha.

Las he visto buscando en su sangre

algún rito que les devuelva la sabiduría

 y les despeje la niebla 

de tanta confusión organizada.

Las he visto tapándose el tatuaje 

de lo que hasta ayer les parecía 

lo certero y verdadero.

Las he visto intentado y renunciando

las he visto probando y esperando

las he visto culparse y enfermarse

las he visto pareciéndose y diferenciándose

las he visto yéndose y quedándose

las he visto transmutar y transcender

las he visto creyendo

 y las he visto desilusionarse

las he visto caerse

y levantarse

una y mil veces

pero nunca jamás

las he visto

rendirse.

Postales del 24

 Postales del 24:

        Todavía no tengo ni aspiraciones de esperma. ..ando flotando en la genética testaruda de la sangre literaria y ascética del Ferrari. Es el año 1974.

 Él llega al departamento de la calle Lescano  y encuentra la llave puesta del lado de adentro.  Le suena raro...tiene una corazonada y se va a lo de su primo Rafa. Al otro día van con un cerrajero y encuentran todo revuelto. No se llevaron plata, ni ropa. Buscaban libros. Se salvó por un pelo. Por ese pelo...por esa corazonada, es que hoy mis dedos pueden escribir esto.

Pasan dos años y en Exactas empiezan a faltar compañeros.  Más triste que las ausencias, es el "como si nada pasó " que impone el miedo.

   Tengo doce años 

y de carambola salgo seleccionada en un certamen por un escrito donde hablo del fin de la dictadura y la llegada de la democracia . Es de dudosa calidad literaria pero con temática original (se ve) para una prepuber  del tercer cordón umbilical del oeste. Viajamos para la entrega de menciones con mamá en el 57 hasta La plata.  Sí,  La plata.  3 hs de viaje.  Cabe paréntesis  (a- empiezo a sospechar que vivimos en la loma del culo y cualquier carrera artística y/o científica va a ser cuesta arriba y b- sí,  mi mamá es increíble,  un amor, la mejor del mundo).

No le da ningún tipo de importancia a la entrega de menciones en sí , pero sí al hecho de que una de los jurados es una Madre de Plaza de Mayo. Mamá se acerca y le pide que si podemos ir a tomar un café.  Vamos. A cada rato me mira y levanta las cejas como diciendo "mirá  te traje a Wonder Woman". Yo hubiese preferido dejarla en el pedestal. Cuando la escucho se me achica .Es tan sólo  una anciana  solita con muchas, muchas ganas de hablar. Mamá se pasa el viaje de vuelta diciéndome que hoy es un día que me va a marcar la vida, porque acabamos de ver una prócer como San Martin o Mariano Moreno. 

             Tengo trece años 

y mi mamá (otra vez) me dice "hoy vamos a un lugar muy especial ". No es un parque de diversiones,  no es un restaurante. No es un Shopping.  Es la marcha del 24 de marzo.Cuando todavía era cosa rara y escondida. Cuando no era parte del calendario nacional.  Nos tomamos el tren sarmiento amarillo y bamboleante con olor a los noventa  (y cuánto íbamos a perder y cuántos se iban a privar). Después el subte. Línea A. Subiendo las escaleras la espío de costado y está llorando. "Es que todavía me emociona el latir de los bombos". 

              Tengo dieciocho años. 

Esta vez voy con el viejo. Vaya a saber por qué. Los otros tres se quedaron y fuimos nosotros.  Se palpita en la calles el estallido...Tanto desconcierto...tanta pérdida de rumbo.  Estamos ahí los dos sueltos y solos como locos malos. "Estar acá te hace sentir menos solo " le digo. Él me responde "la vida es una experiencia única y solitaria " 

Y en eso le corto el chorro existencialista ,me desespero porque el corazón me bombea tan fuerte que me seca las palabras. En la vereda de enfrente veo a mi eterno amor platónico. Lo codeo y le digo: "mirá  pa no puedo creerlo.. Está aca. .mirá pa..Es Leonardo sbaraglia". Y él  me mira y me contesta "quién es Leonardo Sbaraglia? "

           Tengo veinte  años .

 Otra vez el viejo. Tiene que ir a hacer un trámite a su amada "Exactas " . Quiere ir solo a toda costa y pone de excusas, que no hace falta , que deja que voy yo,  que es lejos. Con la testarudez genética lo termino doblegado y vamos. El viaje es larguísimo y él está como ido...como ausente. Cuando llegamos levanta la mirada , señala los nombres y me cuenta "este era un empleado de limpieza..No podíamos creer cuando se lo llevaron..Este era mi profesor. A este También lo conocía tu mamá".  Y las retinas le tiemblan..Y la voz se quiebra..Eso que es duro..Pero le veo una lágrima y entiendo por qué quería ese rito en privado. Trato de romper el hielo: "Es muy importante que los hayan puesto arriba a la entrada..como si nos estuvieran mirando "  Él no me contesta.  

Años después, comprenderíamos la procesión de dolor que les va por dentro y el miedo que nos transmiten sin querer "con la leche templada y en cada canción" . 

           Tengo veintitrés años.  

Por culpa de mi testarudez congénita  (otra vez) me quedo. Y  se van todos a la Esma.  Hay un loco que anda bajando cuadros y en el acto toca León Gieco.  Los muchachos de la popu se quejan de la masividad inminente  : " eh loco...antes tábamos re piola ahora tamo re apretado" Ellos ponen de excusa a para ir a Gieco pero yo sé que intuyen un cambio de Época.  Que ya es tiempo de volver a ser muchos y estar apretados.

              Tengo treinta años 

y me toca organizar el acto donde se pondrá  (por fin) nombre a la escuela número 75, que paradójicamente no tiene nombre. Como si fuéramos nadies.  Como si fuéramos invisibles  números sin nombre . 

Armamos un acto que representa los distintos sectores sociales que fueron desaparecidos.  Al final esos mismos vuelven haciendo la ronda junto a las madres. La canción final es muy emotiva.  La directora, Adriana , a esa altura compañera y amiga me dice al oído  :" ¿se ofenderan  los que actúan algún día si saben que la canción se llama "las gorditas de la patagonia " y habla de las ballenas?" Yo levanto los hombros y le pido permiso. Me toca saludar a una prócer que en el micrófono acaba de decir :"estamos todo el día pidiéndole silencio a los chicos . En una época hubo mucho silencio que se trago los momentos más terribles y horrorosos. Por eso cuando voy a las escuelas les digo: hablen, rían,  hagan alboroto.  Desconfíen del silencio".

La escuela se bautiza "Madres de Plaza de Mayo".

                Tengo treinta y uno .

Coco 6años: trae una nota de "100 felicitado " por la explicación que les dio a sus compañeros sobre la dictadura y los desaparecidos. Me dice "aprovecha mamá que seguro es la única vez que me sacó 100"

           Tengo treinta y tres  años .  

Dando clases  sobre el 24 de marzo les empiezo a explicar qué es una dictadura.  Un nene (7años)  levanta la mano y me dice" ya sé seño..Lo vi en Zamba". Improvisan una escena de una madre buscando a su hijo y el final es que le pide ayuda al público y todos gritan "queremos nuestros hijos, queremos nuestros hijos" Mi piel de gallina se acuerda que no es tan bueno el silencio. 

                  Tengo treinta y cuatro  años. 

Año 2017. En la tele dicen que los docentes  somos vagos como Don Ramón, ricos como el Sr barriga, y más malos que la bruja del 71.

Hace tres semanas estamos de paro y es muy probable que cobremos chaucha y palitos. Mientras preparo la pizza palpito que que se viene un mes a mucho arroz, a mucha  polenta y a mucha honra.

 Cenando con coco y anita les digo que tienen que comer toda la pizza,  porque sino ella  se pone triste porque se va a la basura . Ana (4 años)  me mira asombrada y me dice "basura, como macri" y coco acota: "claro macri basura vos sos la dictadura"

Estoy en la marcha federal y se me posa una mariposa en el hombro. O estoy mutando a vegetal o a las muy intrépidas se les da por cumplir leyendas  aztecas.

El sábado a la función vino una amiga a verme. Estaba muy emocionada con la obra.."con la polenta que tienen todos". Vino con una amiga y me ofrece traerme hasta Moreno. Que para quienes de aquí somos oriundos, sabemos que equivale al viaje a las estrellas en asiento premium .  Lo único, me advierte,  es que tenemos que desviarnos para dejar a su amiga. No hay problema. Qué le hace una pequeña demora a semejante propuesta. Vamos agarrando muchas calles que desconozco y finalmente la deja en la calle Lescano. Sí. Cosa e mandinga. La calle Lescano. 

Camino de vuelta no dejo de pensar lo qué daría porque pudieran venir a verme y qué orgullosos estarían. Me cuesta no ponerme triste.  Me cuesta no extrañar.  Me cuesta. 

Por momentos  Cuesta mantenerse firme entre tantos golpes y provocaciones .Entre la incertidumbre y la austeridad. Entre el dolor de la sensación de haber perdido y el  sabor amargo  a otra época.

Cuando eso sucede...no me preocupo. Sé  que se me pasa enseguida.

Porque subo las escaleras ,  laten los bombos. Los locos altos bajan cuadros y los bajitos nos la cuentan. Las próceres siguen dando clases de vida caminando a nuestro lado mientras Los que se salvaron por un pelo, y los que no, vuelan  en el hombro y  nos susurran al oido 

" -Gracias porque estamos más cerquita 

y porque ustedes son nuestra victoria."

Se escribe miedo, se pronuncia dictadura

Se escribe miedo

se pronuncia Dictadura.

Con precisión de bisturí, diseñaron, como un virus implacable, el plan sistemático del terror.

No hubo error, no se les fue la mano, no hubo imprecisiones, ni accidentes al azar.

Pensaron, planificaron cómo desarmar sistemáticamente, la posibilidad de una sociedad equitativa y justa, de una patria soberana y libre.

Fueron al centro de la conciencia de clase, picanearon las convicciones, arrojaron de los aviones la voluntad insobornable, persiguieron y torturaron todas las ideas organizadas de nuestra columna vertebral colectiva.

Y así, fueron intencionalmente, perpetuando la doctrina del miedo.

Los que quedaron, intentaron seguir.

Algunos pudieron. Otros, quedaron en el camino. Otros, replegaron filas, se dieron por vencidos.

Y del miedo más asfixiante, desde la amenaza más siniestra, como próceres de fuego, desde el horizonte incinerándose de dolor, cruzaron las fronteras de lo posible, las Madres.

Ellas y su coraje.

Ellas y su resistencia.

Ellas y su ejemplo.

Ellas que lo habían perdido todo, comprendieron desde el primer día, que quedándose en casa, nunca se consiguió nada.

Frente al virus letal del terror, que se metió en las venas de la patria, ellas siempre serán nuestro anticuerpo.

Los que vinimos después, intentamos siempre estar a la altura de la historia, y cada vez que la peste del miedo nos ataca, sacamos fuerza del anticuerpo de su experiencia.

 Con precisión de bisturí, diseñaron en aquel laboratorio del terror, el modelo que nos sigue matando hasta hoy.

Muchas veces somos muy implacables  y despectivos con las generaciones que nos criaron, las que nos preceden. Quizá olvidamos (porque la amnesia también era parte del plan) que la obediencia, el silencio diciplinante y las infancias reprimidas, eran parte del plan. Al juzgarlos, tal vez perdemos de vista, que ellos también fueron víctimas.

Su dolor y su procesión por dentro, eran parte del plan.

En cada fábrica cerrada, en cada empresa privatizada, en cada cabeza colonizada, en cada ex combatiente, en cada asentamiento, en cada bala de gatillo fácil,  el plan se sigue ejecutando.

Y seguimos siendo portadores de su virus de diseño, cada vez que legitimamos, 

con el 'no te metás'

con el 'algo habrá hecho'

con el 'cada quien tiene lo que merece'

la doctrina del egoísmo y la indiferencia.

La memoria se sigue ejercitando, cada año, cada día, porque la dictadura persiste.

Porque no es patrimonio del pasado.

Con precisión de bisturí, diseñaron un macabro plan a gran escala que impactó en lo micro.

Tanto es así, que aún hoy, seguimos batallando cada día

 para poder vencer definitivamente , la violencia que inocularon en nuestras psiquis, cuando ejercemos sobre nosotros mismos, y hacia nuestros compañeros de clase, nuestra propia dictadura.

 

Desde el otro lado del vidrio astillado

Que necesito creer en algo
porque a mi dios se lo robaron
y al héroe colectivo lo picanearon
que cuando llegué a jugar el partido 
ya estaba todo arreglado
y yo en patas y desarmado
que una voz me grita al oído
que siga
como sea, que me la aguante 
que no sea débil ,
que metele que dale 
que no importa el de al lado
hay que seguir pedaleando 
porque sino 
no llegamos
que si mi cuerpo no vende
 soy descarte
que si no garpo
 me dejan aparte
que todo yo
que todo ya 
que todo mío 
que todo afuera
que cada vez más abajo 
suavecito para abajo
y desde la alcantarilla 
no llego a ver el cielo 
que encontré la solución 
al problema de la retina 
me anestesio por las noches
me paso de rosca de día 
que al parecer 
no cabe mi tristeza
en el mandato de la felicidad obligatoria 
que no hay nada más neoliberal
que armar todo para que consumas
para que te exprimas
 detrás de una libertad de plástico 
para que pierdas
y después  encima echarte la culpa 
y largarte los perros famélicos de la moral policíaca 
y hacerte cargo de los desastres 
que ellos mismos cometen
que entre hacer y anunciar
hay una pose de diferencia
que te convidan ideas foráneas
pero nunca jamás
se prueban tus zapatos
que te grito 
ya sin voz
desde el otro lado
de la vidrio astillado
porque desde el pedestal inmaculado 
de las ideas impolutas
nos siguen tirando piedras.